Colbert, Salvando la campaña

Nadie duda de que la Presidencia de EEUU es un puesto con consecuencias directas en todos los asuntos del planeta. Por eso, es claro que cualquier ciudadano responsable del mundo necesita seguir con seriedad la actual campaña presidencial en este país.

Para llegar al nivel de una “iluminación informada electoral”, vi los programas políticos en televisión, escuché las entrevistas radiales, leí los artículos de los entendidos y busqué datos en la red. Pero, curiosamente, tanto reflexionar y meditar sólo resultó en un duro veredicto, que condena al escenario político a parecer reunión de apoderados.

Los republicanos no saben si acoger públicamente al actual Presidente Bush o, como en la mayoría de los casos, tratarlo igual que a ese familiar que todos evitan. Además, este partido moralista, hiperconservador y defensor de todo lo cristiano lleva una tropa de divorciados (varias veces) siempre acompañados de sus señoras último modelo. Hay uno que incluso no le hace ni asco a la poligamia. Mientras, los demócratas -aún victoriosos por los resultados en las últimas elecciones de 2006- ostentan en su equipo a gente que figura en puros matrimonios felices. Como una muestra de diversidad, ahí está la esposa que perdona al marido infiel, el joven y esforzado afroamericano con dos hijas pequeñas y divinas y, el único hombre “blanco” del sur, que apoya a su mujer en su lucha contra el cáncer.

Igual, la confusión no puede ser más grande, porque a diario salen cifras que sólo aumentan la incertidumbre. Algunas encuestas dan a la senadora Clinton como segura ganadora de las primarias mientras otras dan el triunfo a Obama. Entre los republicanos, el ganador sería Giuliani (quien alguna vez convivió con tres travestis). Pero la sequía política, tan aburrida, fue convulsionada cuando arribó un nuevo mesías electoral. Joven, sarcástico y con su propio show en el cable, Stephen Colbert posee lo más suculento de la intelectualidad. Hace dos semanas -con drama y los globitos tricolores que corresponden- decidió ser candidato para la Presidencia. Desde su archipopular “The Colbert Report”, anunció su propuesta para salvar al mundo y la galaxia. La plataforma de Colbert es no ser Presidente, sino sólo candidato en su estado natal, Carolina del Sur. Para aumentar sus posibilidades, pretende inscribirse en las primarias de ambos bandos: para él, no hay mucha diferencia…

Con gran destreza, logró copar todos los programas políticos serios. Al ser consultado por quién sería su vicepresidente, Colbert respondió que tanto el Presidente Putin de Rusia como el vanagloriado senador Craig (acusado por manosear a un policía civil en un baño) eran “considerados”. Y, sin tapujos, ha declarado que no tiene problemas en ser candidato de una empresa, porque tiene que “hacer caja” para la inscripción republicana (unos 35 mil dólares). Por eso, hace poco figuraba comiendo Doritos en directo y mezclando el logo de la empresa con su emblema logo presidencial, dando simultáneamente clases sobre la difusa línea que separa la ética electoral de las deudas políticas. Como decía Colbert: “Si indicas que debes comer los doritos estás quebrando la ley, pero si sólo marcas una diferencia por los nachos, estás salvado “. Lo que al principio fue entendido como una humorada, ahora ha ganado espacio político. El actor dice que cualquier colaboración que se relaciona con su campaña debe ser depositada en un fondo que apoya a los profesores de las escuelas públicas.

“The Colbert Report” tiene una fiel audiencia de más de tres millones de espectadores irreverentes, lo que no deja de ser. Para la inscripción demócrata, Colbert necesitaba 2 mil 500 dólares o 3 mil firmas de gente de Carolina del Sur que se “consideran demócratas”, algo superado con creces; y las contribuciones a su campaña ya triplican las donaciones de las campañas de Clinton y de Obama. Huele a que los serios se están tomando a pecho la comedia; mientras los abogados exigen “igualdad de minutos en la televisión” para todos los 16 candidatos sale una nueva encuesta: ante la pregunta de si acaso votaría por Colbert en una elección presidencial, solamente 32% respondió que “definitivamente no” y 68% aseguró que dependía del adversario o que sí. Aún hay esperanza.

Publicado en La Nación (1 de Noviembre, 2007)

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Posted on February 2, 2008, in Artículos and tagged , . Bookmark the permalink. Leave a Comment.

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